Errores comunes de los adultos al conocer que un niño ha vivido abuso sexual, y cómo superarlos. Parte I

Existen algunas reacciones que hemos visto de manera reiterada al hablar con padres/madres luego de conocer una historia de abuso sexual en sus hijos. Ningún padre o madre en su sano juicio, quiere que sus hijos vivan abuso sexual y tampoco quiere reaccionar de una forma que cause más daño. Sin embargo, luego de conocer el abuso, las reacciones mal gestionadas por el dolor, la culpa, la vergüenza, el desconocimiento y la necesidad de justicia pueden crear situaciones que profundizan las consecuencias del abuso. En esta primera parte vamos a hablar de 3 errores:

1. Hacer responsable al niño/adolescente.

Existen muchas reacciones que hacen sentir y dejan caer la responsabilidad del abuso sexual sobre el niño/adolescente. Desde las mejores intenciones para apoyar, hasta las más dañinas, como negar el hecho (por dolor, vergüenza, temor u otros factores).

Preguntas y afirmaciones desde:

“¿Por qué no me dijiste antes?”, hasta: “¿por qué seguías haciéndole caso?”, “de esto habíamos hablado, ¿por qué no me habías dicho?”.

En casos de adolescentes las preguntas y afirmaciones más frecuentes y destructivas han sido:

Desde: “Ya tú estás  grande, sabes que debías decirme de inmediato”, hasta: “¿Por qué seguía yendo a ese lugar? Seguro le gustaba, ya estaba grandecita/o. Lo disfrutaba”. “Es que se vestía de forma inapropiada, lo provocó”. “Si no habló antes es porque le gustaba”

Otorgando toda la carga de culpa a un niño o adolescente por la acción de los adultos. ¡Qué duro! Como si ya no es suficiente la vivencia del abuso.

La culpa y la responsabilidad siempre van a recaer en los adultos.

Contraria a esas reacciones, preguntas y afirmaciones, se debe responder y actuar desde el amor y protección. Por ejemplo:

En lugar del “¿Por qué no me dijiste antes?”, un: “Lamento mucho no haberme dado cuenta, qué bueno que puedas decírmelo hoy”.

En lugar del “¿por qué seguías haciéndole caso?”, un: “lamento que esto haya pasado. Ya no volverá hacerlo”

Como adulto eres responsable de gestionar tus propias emociones, y el responsable de hacer vivir las apropiadas a tus hijos; en este caso, dejando a un lado las tuyas frente a ellos, y otorgando un ambiente de contención, amor, seguridad y protección. Hay más información de esto en el siguiente punto.

2. Desbordarse en emociones frente al niño/adolescente

Desbordarse quiere decir que no hay una regulación de la emoción, llorar desconsoladamente y a sollozos delante de un niño/adolescente envía un mensaje de quebrantamiento total, un mensaje de ‘esto es insuperable y lo peor’; al mismo tiempo les invita a guardar sus emociones para no afectar las de mamá y papá. Guardan como respuesta un “esto es insuperable” con algo de “es muy doloroso que mis papás vivan esto por mí”, entonces elijan callar y reprimen sus propias emociones, que son muy necesarias que las vivan en su totalidad.

Es el mismo caso de reaccionar con ira desmedida, bajo frases como: “lo/la voy a matar”, “yo lo mato si esto es verdad”,  u otras expresiones llenas de daño para quien ha agredido, una vez más vuelven a otorgar la culpa al niño/adolescente, sobre todo si quien agrede es un familiar o alguien querido en la familia (con frecuencia es así, en un 80% de los casos), lo que al mismo tiempo hace que el niño/adolescente no revele otros hechos por miedo a las reacciones o represalias contra quien cometió el delito/abuso, limitando así la expresión necesaria.

Aquí no se trata de no mostrar tristeza, rechazo/descontento al referirse al abusador/a, se trata de regular y gestionar tus emociones delante de tu hijo/a. Algunos ejemplos:

“No está bien lo que hizo ni lo que te hizo hacer. Lamento que esto haya pasado”. “Haremos lo necesario para protegerte”.

Ambas expresiones puedes mostrarla con lágrimas (tristeza) y/o con rechazo/descontento (rabia) hacia el agresor. La diferencia está en lo desmedido, lo desbordado.

Las reacciones o pensamientos desbordados, puedes dejarlos para expresarlos con algún adulto de tu confianza y por supuesto con el terapeuta.

Muéstrate positivo en medio de cada emoción. Otorga esperanza para sobrellevar todo lo que implica la situación del abuso.

3. Hacerle dudar de la vivencia y las intenciones del abusador.

Decirle al niño/adolescente frases como:

“Seguro no fue con mala intención”.

“¿Estás seguro/a que te tocó ahí?”.

“Eso no fue lo que me dijiste hace un rato”.

“¿Entonces crees que (nombre de quien agrede) es una persona mala?”

“Voy a llamar a (nombre de quien agrede) para que lo aclaremos y saber la verdad”

“¿Estás seguro/a de lo que dices? Es que (nombre del agresor) siempre ha sido bueno/a con nosotros”.

Cree, no cuestiones la historia, protege y alejalos del agresor. Tu rol es proteger, los expertos nos encargaremos del resto.

El abuso sexual infantil se vive bajo manipulaciones, engaños, y un ambiente lleno de emociones reprimidas; en la mayoría de las oportunidades el niño/adolescente no está seguro si lo que pasa es realmente inapropiado o no, los pederastas son expertos en manipular, en tergiversar la realidad que le hacen vivir a sus víctimas, son expertos en camuflaje social. No tiene sentido hacerle pensar al niño/adolescente sobre las intenciones de quien le agrede, ya es suficiente el tener que lidiar con el abuso y lo que se vive a nivel familiar.

Es un error enorme confrontar a la víctima con el agresor -aún víctima porque no ha sido separado del agresor ni ha recibido la atención, y estas acciones revictimizan-. La mentalidad, astucia -y en este caso- la perversidad de un adulto jamás podrá ser comparada por la de un niño o adolescente. La manipulación, amenazas y engaños que el agresor usa en lo secreto, más tu incredulidad, harán que el niño/adolescente se disculpe, se arrepienta, retire o cambie lo que ha contado.Cuando un niño/adolescente es víctima de abuso sexual, el estorbo más grande que puede tener para alcanzar su recuperación, es otro adulto que debe protegerle y este le juzga, se muestra indiferente o elige la inacción. Cuando un niño o adolescente revela un secreto como este, ya lo ha pensado y dudado lo suficiente, ha reunido todas sus fuerzas y valentía para hablar. Cuando el abuso se revela por parte de otros, puede estar asustado, pero a la vez, está esperando y confiando que un adulto le proteja y le de valor.

¿Qué hacer si ya se cometieron estos errores?

Si has cometido errores, quiero que sepas que hay cosas que puedes hacer para vivir esta situación de manera distinta para tu hijo/a y la relación que hoy tiene contigo.

Estas son algunas sugerencias, resaltamos como en cada oportunidad que, contar con un terapeuta que les acompañe en el proceso es clave para la recuperación.

1. Acepta los errores. Lee de nuevo este artículo, identifica cuáles reacciones y frases se parecen a las que tuviste/dijiste, anótalas. Luego de anotarlas, perdónate por haber actuado  de esa manera, reconociendo que lo hiciste desde el desconocimiento

2. Restituye tus acciones. Atrévete a actuar de manera diferente, no importa cuánto tiempo haya pasado. Busca la ayuda apropiada (nosotros recomendamos que consultes con especialistas en el área).

Si tu hijo/a tiene entre 06 y 17 años, ve y discúlpate por esas reacciones. Y otorga la confianza, protección que necesita. Si tiene menos de 06 años, hazle saber por medio de tus palabras y acciones que le crees, proteges y le acompañas.

Eres y puedes llegar a ser lo que tus hijos necesitan para sanar.

Si te interesan más artículos sobre cómo ayudar a tu hija/o después del abuso puedes ingresar a estos link:

http://soyunguardian.com/3-quiebres-importantes-en-la-relacion-papa-mama-despues-de-un-abuso-sexual-en-hijos/

http://soyunguardian.com/3-cosas-que-puedes-hacer-si-tu-hijo-a-ha-sufrido-abuso-sexual/

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Intervención

3 preguntas recurrentes que surgen al conocer que tu hijo/a ha sufrido abuso sexual.

Como padre, madre o figuras de contención tienen la total posibilidad de otorgarle al niño o adolescente una vida plena aún después de un abuso sexual. Sin verles a través de la victimización, sino a través de la fortaleza que puedes brindarle. Lo normal es que los chicos tengan en quién refugiarse en las dificultades. ¡Conviértete en ese refugio!

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